3 jul. 2018 13:30
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3 de julio: El día de la eterna vergüenza para EEUU

Teherán, 3 de julio de 2018, IRNA - Aunque los estadounidenses celebran el 4 de julio como el Día de la Declaración de Independencia de Gran Bretaña, los iraníes conmemoran el 3 de julio como el Día de la Eterna Vergüenza de la Administración estadounidense.

El actual estafador de la Casa Blanca, Donald Trump, puede estar regodeándose tras su violación del acuerdo internacional alcanzado entre 7 naciones sobre el proyecto nuclear pacífico iraní al retirar a EEUU del Plan Integral y someter a la República Islámica a un nuevo paquete de sanciones económicas.

Su crimen no resulta nada nuevo. Es el último en el largo historial criminal de 65 años de EEUU contra Irán, desde el golpe en 1953 que derrocó al gobierno del primer ministro el Dr. Mohammad Mosaddeq y la restauración al poder del fugitivo Shah instalado por los británicos.

Aunque todos los crímenes estadounidenses son imperdonables, y permanecerán incluso después de que EEUU deje de existir en el mapa mundial, quizás el más vil fue el derribo el 3 de julio del vuelo 655 de IranAir por el buque USS Vincennes en 1988, un acto flagrante de terrorismo de estado destinado a alentar a Saddam a proseguir sus crímenes de guerra contra el pueblo iraní.

Han pasado 30 años desde que el cobarde capitán Will Rogers, por orden del bribón en Washington, Ronald Reagan, disparó dos misiles contra el vuelo regular de IranAir que cubría cuatro días a la semana la ruta de Bandar Abbas a Dubai, alrededor de las 10 de la mañana hora local, cuando ascendía en su Corredor 59 Comercial designado.

Ningún tipo de disculpas -aunque Washington no ha ofrecido ninguna, ni Teherán espera ninguna tampoco- borrarán los amargos recuerdos de esa cobarde acción que envió a 300 pasajeros y tripulantes inocentes, incluidas 57 mujeres y 53 niños, a bordo del Airbus a una sepultura acuática en el Golfo Pérsico, frente a las costas de la Isla iraní de Hengam (en aguas territoriales iraníes en las cuales el Vincennes se habían camuflado en clara violación de las leyes internacionales).

Hoy, en el 30º aniversario de ese odioso crimen, decidido a evitar una contundente victoria iraní frente a los bombardeos químicos y todas las demás violaciones de las normas internacionales en la guerra que Washington impuso a la República Islámica a través de su súbdito Saddam, la pregunta es: ¿Ha tenido éxito EEUU en lograr sus objetivos?

La respuesta es un gran NO.

De hecho, los estadounidenses, arrogantemente ignorantes se han visto miserablemente enredados en su propia trampa, con la maldición de los mártires del Vuelo 655 listos para perseguirlos en su inminente Waterloo, en el que Trump está a punto de caer.

Es cierto que Irán ha ofrecido grandes sacrificios desde la victoria de la Revolución Islámica en 1979, y es posible que tenga que pagar aún un mayor precio, ya que sigue escalando con éxito las cimas del progreso para dominar las tecnologías nucleares, espaciales, médicas y otras sofisticadas tecnologías, determinado a salvaguardar los valores islámicos y la independencia nacional, así como difundir el mensaje de paz, justicia y solidaridad regional contra la hegemonía extranjera.

No obstante, una revisión a la ciega hostilidad de EEUU ante los dinámicos acontecimientos en el Irán islámico evidencia la frustración en el rostro estadounidense a pesar de sus intrusiones en el Golfo Pérsico, su ocupación de Afganistán, su ilegal presencia militar en Siria, su ayuda a los Saudíes y a Emiratos Árabes Unidos en la invasión del Yemen, su intensivo apoyo a la entidad sionista ilegal y su febril manipulación de la ONU, especialmente del Consejo de Seguridad.

El resultado es obvio a todas luces, y no favorece al Tío Sam, ya sea en la región o en los foros internacionales.

La guerra impuesta de 8 años con sus incalculables atrocidades, encabezadas por el derribo del avión de pasajeros iraní, tenían por objetivo socavar el Sistema de la República Islámica y controlar el impacto de la Revolución Islámica en los musulmanes de Iraq y más allá, aunque les han resultado contraproducentes.

Washington se ha visto obligado a agachar la cabeza avergonzado, a pesar de las amenazas y las teatralidades de Trump. Ha comido un humilde pastel en Iraq, pero la gente está profundamente influenciada por los valores que Irán defiende, como se ha evidenciado con el gobierno de coalición emergente.

En el Líbano, el pueblo se ha unido de nuevo al legendario movimiento antiterrorista, el Hezbolá, tras las elecciones parlamentarias, permitiendo la formación de un gobierno de amplia base.

Entre los palestinos, EEUU ha perdido toda credibilidad al trasladar su embajada a la ciudad islámica ocupada de Beyt al-Moqaddas (Jerusalén), mientras los movimientos de liberación como Hamás y la Yihad islámica, inspirados en el espíritu islámico de los iraníes están preparando el escenario para la lucha popular, la cual eventualmente podría terminar con la ilegal existencia de la entidad sionista.

Hoy, treinta años después del derribo terrorista del vuelo de IranAir 655, la voz de la República Islámica que Washington intento sofocar criminalmente, no solo resuena en las tierras de los árabes, los turcos, los africanos, los Balcanes europeos y los países del sur, este y centro de Asia, sino que repercute en América Latina como un recordatorio de la naturaleza transitoria de EEUU, que solo pisotea los valores humanitarios más básicos, como la separación forzosa auspiciada por Trump de los niños llorosos del regazo de sus padres agraviados, y se erige hoy como el símbolo del satanismo incluso entre sus aliados tradicionales, los europeos y los cristianos norteamericanos que anhelan liberarse del yugo judío.

Fuente: Kayhan International (periódico en inglés con sede en Teherán)

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